Vuelo IL8714: Mayday a la española.

No suelo ver la tele. Si acaso, además de los partidos del Betis, la Fórmula 1 y los Simpsons, alguna vez pongo Intereconomía, cosa que molesta mucho a algunos de mis amigos de Facebook, poco partidarios de la libertad de expresión y censores en potencia cuando se tratan temas que se han convertido en tabú o políticamente incorrectos.

Pero no es el caso. Al grano: no suelo ver la tele; pero es que, además, Telecinco creo que ni siquiera la tengo sintonizada, ya que no soy capaz de poner en pie cuándo fue la última vez que me interesó alguno de sus programas; puede que fueran las Mamachicho o aquella serie patética llamada “Mediterráneo”, protagonizada por los peores actores imaginables, que ponía para fustigarme, por aquello del lado masoquista que todos tenemos. Impagables las frases del negrito que pretendían ser un compendio de sabiduría de sus ancestros africanos y que sonaban ridículas y extemporáneas.

Como me vuelvo a ir por peteneras, trataré de centrarme en el tema diciendo que soy muy aficionado a las investigaciones de accidentes aéreos. Es más, creo que es un campo al que podría haberme dedicado  de forma profesional, pues tengo una especial intuición para ello, pese a los escasos conocimientos técnicos que poseo, más allá de unos cuantos cientos de horas de vuelo como pasajero y de un par de lecciones de vuelo con ultraligeros.

Aquella tarde de verano de 2008 fue muy especial para mí. Ese vuelo de Spanair Madrid- Las Palmas lo había cogido alguna que otra vez, ya que tenía un horario muy cómodo para hacer gestiones por la mañana en Madrid y llegar a Las Palmas con toda la tarde por delante para trabajar.  Y no sólo por eso, sino porque ese día volaba en él la hija de una antigua compañera de trabajo, hija única, una chica de veintipocos años a la que había conocido en el año 2000 cuando aún era una cría. Y había visto a mi compañera luchar por ella en un ambiente familiar complicado y ser capaz de sacarla adelante con esfuerzo y tesón. Cuando leí su nombre y apellidos en el primer recuento de víctimas, albergué por un instante la esperanza de que no fuera ella, pero la primera llamada a Las Palmas confirmó lo que me temía.

Otro amigo canario, muy querido por mí, tenía billete para ese vuelo, pero lo cambió para poder quedarse algunos días más en Madrid con su hija, recién licenciada. Y como he estado tanto tiempo en Las Palmas relacionándome con tantos buenos amigos, supe de muchas anécdotas más y de muchas más pérdidas que de una u otra forma tocaban de refilón a muchas personas a las que quiero.

Tampoco olvidaré que mi madre me llamó a decirme que había caído en la maniobra de despegue un avión en Madrid que iba a Las Palmas y que se habían confirmado 4 víctimas mortales. Recuerdo que le dije…”Mamá, si ha sido en la maniobra de despegue, lo raro será que haya 4 supervivientes”.

Sirva toda esta introducción para justificar el interés que tenía en ver la serie que Telecinco ha elaborado con motivo de esta tragedia, y que ha sido tan criticada como denostada. Vaya por delante mi absoluto respeto a la libertad que tiene una cadena de rodar la serie que le venga en gana  y la que tenemos los consumidores de verla o no en función de nuestros gustos, intereses o traumas.  Haciendo, pues, uso de esa libertad (y de emule), me bajé la serie y la comencé a ver.

Tengo que decir que me sorprendió desde el principio el tratamiento más técnico que morboso, pretendiendo ser más un intento de Mayday (mítica serie de National Geographic), que una telenovela venezolana de lágrima fácil. La pretensión era buena, incluso el guión podría parecer decente en algunos momentos, pero, como viene siendo una costumbre últimamente en producciones españolas, resulta ser un bodrio infumable.

En primer lugar, por los actores. Supongo que el problema debe ser que estoy perdiendo oído, pero no entiendo a los actores españoles. Hablan tan rápido, vocalizan tan mal, tienen tan pocos registros, unas voces tan monocordes y son tan malos en líneas generales, que no logro descifrar la mitad de las frases que pronuncian. Para expresar pena o alegría utilizan el mismo tono, parece que intentan batir un récord de palabras emitidas por segundo, no tienen una dicción correcta. Son, en definitiva y en líneas generales, pésimos.

Es increíble que puedo ver una película argentina o colombiana y comprendo perfectamente cada palabra, pero como emitan un trailer de Física o Química en el intermedio de los Simpsons, juro por lo más sagrado que no me entero de lo que dicen. Y, en ese sentido, esta serie no iba a ser una excepción, mucho menos si el protagonista es el inexpresivo Carmelo Gómez. Eso sí, Emma Suárez está inconmensurable, espléndida, grande y creíble.

Para evitar este mal trago de soportar a estos actores que, además, me llamaron idiota por no votar a Zapatero, evito ver cualquier producto que elaboren, aunque propongo como solución que sus voces sean dobladas al español inteligible por esos fantásticos dobladores de cine que hay en España. Quedaría un producto mucho más visible y, fundamentalmente, comprensible hasta para los oídos más duros como los míos. O subtitulada, si es que los dobladores tampoco son capaces de traducirlos.

En segundo lugar, por esos comentarios tipo CSI que se hacen entre ellos los técnicos que investigan el accidente, “el avión despega mejor con viento de morro”, como si no fuera algo elemental y de sobra conocido por quienes están estudiando el accidente. Recuerda a  aquellas escenas de Grissom explicando qué es el ADN a un biólogo que lo sabe perfectamente. No me imagino a mí mismo explicándole a mi compañero de trabajo….”Sí, la pila de este audífono le proporciona la energía necesaria para hacer funcionar el circuito”. Al menos, en las escenas en que están viendo la noticia por la televisión, a nadie se le ocurre coger el mando a distancia y apagarla, cosa que jamás he entendido de las series americanas, ¿Por qué apagas la tele y dejas una noticia a la mitad?

Así pues, para concluir, producto que no recomiendo, salvo que quien lea esto sea consumidor habitual de series españolas. Y es que, habiendo por la red formas de bajarse Mad Men o Modern Family, es una auténtica lástima desperdiciar tiempo viendo estas cosas. Procuraré no volver a hacerlo.

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