vilima

Adiós a un símbolo

Casi de incógnito, con ciertas dosis de nocturnidad, sin ruido, discretamente… así se nos ha ido para siempre uno de esos símbolos de la Sevilla que uno recordará toda su vida: la de las bulliciosas calles del centro y la de los almacenes de telas.

Un anuncio en la prensa local anunciaba hoy la disolución de Vilima que, si bien lleva varios años con las puertas cerradas, ahora se oficializa su defunción definitiva. Estos emblemáticos almacenes, en la calle Puente y Pellón, es una víctima más, otra más, del declive de la zona en la que se encuentra, en parte por su situación de difícil acceso y, por supuesto, por el abandono municipal a los comerciantes de esa zona que el Ayuntamiento lleva décadas perpetrando con enorme alevosía, con unas interminables obras en la Encarnación, con continuos levantamiento de aceras y un largo catálogo de despropósitos.

En sus mejores momentos, que fueron hace más de dos décadas, Vilima tuvo, creo recordar, hasta 7 plantas, cafetería, decenas de trabajadores siempre atentos y un surtido envidiable de prendas. Yo la recuerdo por los abrigos expuestos en sus escaparates y por los rollos kilométricos de telas de todas clases y colores, telas que acababan convirtiéndose en una falda o un vestido gracias a los patrones de la revista “Burda”, que ya podría haber tenido un nombre un poco más atractivo, dicho sea de paso.

Cada vez que un negocio emblemático cierra sus puertas, se van para siempre unas vivencias que sólo perdurarán en el recuerdo de quienes tuvimos la ocasión de conocerlo y de sentirlo, de una forma u otra, como una parte más de nuestra vida. Hoy, Vilima; como ayer Gicos, Simago y tantos otros comercios que ya sólo podremos recordar como parte de una Sevilla, la de nuestra infancia, perdida para siempre en el tiempo.

¿Algo que añadir?