Setas Encarnacion Sevilla

Las setas de la Encarnación: ¿Vanguardismo o barbaridad?

Sólo unas horas después de que fueran inauguradas (bendita casualidad la cercanía de las elecciones), esta misma mañana, tras bajarme de otra inuguración electoral (el tren del Aljarafe), he pasado por debajo de las setas de la Encarnación, ya sin andamios, aunque visiblemente mal finalizadas y abiertas a la carrera.

Reconozco que no están tan mal. Desde que se anunció el proyecto, mis prejuicios sobre la arquitectura de vanguardia en un entorno como el centro de Sevilla, hicieron que me decantara claramente por tildar de atentado la contrucción de este monumento (o lo que quiera que sea). Pero hoy, al verlas despejadas, en una mañana fantástica y luminosa de primavera, rebajo la definición a “atentadillo”; un poco de “Kale Borroka” arquitectónica, tal vez. El caso es que me han impactado y no precisamente de manera negativa.

Otro tema es el del coste desmesurado, el retraso, la cimentación excesiva que impide que haya una estación de Metro bajo las setas (de hecho, lo de “METROsol” parasol no tiene sentido, habría que llamarle “GUAGUAsol” o “TUSSAMsol”) y la cacicada de inaugurar una obra a medias, capada por el hecho de que la pasarela no será transitable o que el arquitecto del proyecto sea un verdadero gilipollas (véanse las entrevistas que ha dado estos días a los medios sevillanos). Cuestiones sobre las que mi indignación ha ido creciendo a medida que se conocían datos como que los derechos sobre el mercado y la explotación del conjunto entregados a empresas privadas exceden por mucho lo razonable, entre otros muchos.

Ante la pregunta-trampa de “qué prefieres, el solar inmundo que había antes o las setas”, es obvio que prefiero las dichosas setas, si bien, si la pregunta incluyera alguna alternativa más acorde con el entorno, es probable que me hubiera inclinado por una plaza abierta con sus naranjos, sus banquitos y alguna estatua en el centro de alguien que no fuera en contra de la ley de memoria histórica. Pero sólo probablemente, ya que, como he dicho al principio, al fin y al cabo, no están tan mal.

El tiempo dirá si esa madera traída de ahí al ladito del círculo polar aguanta varios meses a 50º al sol, los graffitis, y el vandalismo de los canis. Veremos.

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