Un Betis sin odio: una trampa lingüística.

La última asamblea de PNB fue un grandísimo éxito de sindicación, además de una ser la primera en la que, por fin, se ha podido presumir de resultados judiciales verdaderamente importantes y decisivos. Una fiesta del beticismo de base.

Sin embargo, como ya empieza a ser una costumbre, quiero disentir públicamente del enfoque que el presidente, Pepe Tirado, ofreció del Betis del futuro, en el que, textualmente, aseguró que no cabe el odio.


Conste que lo que voy a exponer a continuación no constituye opinión de esta Web, sino única y exclusivamente mía, como accionista del Real Betis y asociado de PNB desde sus inicios, y como tal, me he permitido el lujo de interpretar que se acercan pactos y que es posible que en un futuro deban pactarse cosas concretas con indeseables de la talla de Castaño y/o Rufino, entre otros cómplices por acción u omisión de los 18 años infames años del loperato.

Desde hace días, venimos escuchando y leyendo esas palabras-trampa que se pronuncian con el objeto de no continuar una argumentación muy pobre de contenido, apelando al sentido común del interlocutor. Esas palabras-trampa son “unidad”, “responsabilidad”, “sin odio” y otras similares. Porque…¿Hay algún bético que no quiera unidad? ¿Conocen a alguien que prefiera la irresponsabilidad al comportamiento responsable? ¿Han oído hablar de algún ser humano que elija el odio antes que la ausencia del mismo? Yo, no.

La perversión en este caso es la interpretación torticera que se da a estos planteamientos, y centrándome en las palabras de Pepe Tirado, efectivamente, le asiste toda la razón: no queremos odio en el Betis. Por eso, lejos de admitir que en el Betis del futuro tendrá cabida hasta el pasado, muchos asociados no vamos a asistir impasibles a que quienes han creado tanto odio y tanta división, tengan otro papel en un hipotético consejo de administración de concentración o de “unidad” que no sea el de figuras decorativas con competencias cero. Nada.

Resumiendo, si no queremos odio, no podemos tolerar la presencia de Castaño y/o Rufino, ni siquiera el simple hecho de tener algo que hablar con ellos más allá de si se van por su propio pie o propinándoles un puntapié ; no puede ser más sencillo, como tampoco puede ser más simple de entender que no hemos llegado hasta aquí para ver cómo se pastelea con el Betis apelando a burdas trampas lingüísticas. Al menos, yo no.

Aunque lo más probable es que se me aplique una de esas palabras-policía que pretenden ridiculizar las posturas que no agradan, como “radical”, a la que estoy más que habituado y que me trae absolutamente sin cuidado que me disparen y que, llegado el caso, no haría más que cargarme de razón.

Publicado en el foro BetisLibre.com

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